Dentro de cada persona conviven un ‘ganador’ y un ‘perdedor’


Dentro de cada persona conviven un ‘ganador’ y un ‘perdedor’ en permanente lucha, y esa lucha nunca desaparece. Es la lucha entre el deseo de ‘ganar’ (reto) y el miedo a ‘perder’ (fracaso). Y hay que decirlo, no compiten al 50%. El miedo a ‘perder’ (fracaso) tiene mucho más poder que el deseo de ‘ganar’ (reto).

En el ser humano la seguridad puede más que el reto; la costumbre más que la novedad. El ser humano, casi siempre, prefiere ser infeliz que cambiar, porque uno puede ser infeliz pero su día a día lo tiene dominado, mientras que cambiar supone afrontar incertidumbre, salir de la zona por donde nos movemos habitualmente, y adentrarse en parajes desconocidos y eso le causa mucha inquietud. Pero es la única alternativa para avanzar y caminar. Crecimiento personal y comodidad son incompatibles. Sabes que estás avanzando en la vida cuando estás incómodo, porque el cuerpo nos pide hacer siempre lo más fácil. Existe una inercia natural a lo cómodo contra la que hay que luchar. Para triunfar, hay que sentir miedo. El miedo es un buen indicador, a menudo, de lo que tiene que hacerse. Si no tienes miedo es, con toda seguridad, porque estás acomodado.

El miedo es lo que nos lleva a vivir vidas pequeñas y vidas muy por debajo de nuestro potencial. El miedo nos ha hecho sobrevivir como especie, pero nos impide avanzar. Hace millones de años, la vida sólo admitía dos alternativas: sobrevivir o morir. Por este motivo, el ser humano tuvo que desarrollar un instinto para prevenir peligros porque de no hacerlo, la consecuencia podía ser mortal. La vida ha cambiado, pero el cerebro no ha evolucionado tan rápido, por eso, ante cualquier reto, la mente busca detectar amenazas que pongan en peligro nuestra integridad; ante cualquier reto, la mente empieza a fabricar pensamientos negativos: no se puede, es imposible, no merece la pena, no soy capaz... 

Ante esta situación mental, la receta está clara: o controlas tus miedos o tus miedos te controlan a ti. El filósofo Bertrand Russell, uno de los autores incluidos en Aprendiendo de los mejores (Alienta, 6ª edición) lo expresaba claramente: «Conquistar el miedo es el inicio de la riqueza». No hay otra alternativa. El miedo se aprende (o no se aprende) a gestionar. La diferencia entre el valiente y el cobarde no es el miedo (ambos lo tienen) sino que uno se atreve y otro no se atreve. No hay que tenerle miedo al miedo (nunca desaparece y siempre está presente, hay que tenerle miedo a la cobardía, a no atreverse.

Así pues la clave está clara: siente miedo, pero hazlo de todas maneras. Pero, ¿qué estrategias podemos desarrollar para aplicar esta fórmula y afrontar y gestionar el miedo? Hoy apuntamos seis y puedes leer el resto en Tu futuro es HOY (Alienta, 2ª edición):

1. QUE TUS SUEÑOS SEAN PROPIOS Y NO PRESTADOS. 
Cuando tus sueños te motivan de verdad, siempre acabas atreviéndote. Cuando los sueños son prestados, definidos en función de lo que tiene más glamour social, es fácil encontrar excusas para no hacer lo que tiene que ser hecho.

2. BUSCA APOYOS EMOCIONALES.
Está demostrado científicamente que las personas nos sentimos más seguras cuando otras personas –jefe, pareja, amigo, familiar– confían en nosotros y nos alientan a emprender aquello que tememos. A veces –casi siempre– somos los mayores enemigos de nosotros mismos. Ir sólo por la vida es muy complicado.

3. EMPIEZA DE MENOS A MÁS. 
El éxito alimenta la autoestima. Un pequeño éxito impulsa a abordar nuevos retos. No quieras lograr mucho en poco tiempo. No lo conseguirás, te frustrarás y abandonarás al ser víctima de la ansiedad. Un gran éxito no es otra cosa que el sumatorio de pequeños éxitos. Recuerda: Poco + Poco = Mucho.

4. INSPÍRATE EN OTROS.
Tener modelos de referencia en los que fijarse es muy estimulante. Ver como terceras personas se han enfrentado a similares contratiempos, dificultades y miedos, da inputs sobre los pasos a seguir e insufla fuerza para atreverse.

5. FOCALIZA LA ATENCIÓN EN LAS OPORTUNIDADES.
Los ‘ganadores’ también tienen miedo, pero a diferencia de los ‘perdedores’ que ponen su atención en los obstáculos, ellos lo hacen en las oportunidades que éstos entrañan. Los primeros avanzan; los segundos se estancan.

6. BUSCA A ALGUIEN QUE TE EMPUJE.

A veces, la mejor alternativa es no tener alternativas. El ser humano casi nunca se lanza por iniciativa propia, necesita de algo –las benditas circunstancias: un despido, una enfermedad o un accidente, por ejemplo– o alguien que le dé un empujón. Un buen coach siempre te exige de ti más de lo que te exigirías tú de ti mismo. Te lleva al límite, al borde siempre de la zona de comodidad.