Manual práctico: Las emociones negativas del emprendedor



A continuación, un análisis práctico del experto español Juan López Sierras, realizado en Emotools, sobre las emociones que siente el emprendedor en los distintos momentos del desarrollo del proyecto: cuándo surgen, porqué y cómo enfrentarlas. Esta primera parte se centra en las emociones negativas: miedo, ansiedad, agobio/angustia, decepción, inseguridad y desidia/apatía.

Te vas a subir en una montaña rusa. Unos días estás arriba (muy arriba) y otros abajo (mucho). Como emprendedor, entras en un carrusel de emociones que te van a hacer tambalear y no vas a saber cómo gestionarlas. No sabes por dónde te vienen y en ocasiones te superan. Eso sí, te sientes vivo como no te has sentido en mucho tiempo.

Emprender es así; si te crees que como están las cosas quien crea su empresa lo hace por la pasta, estás muy equivocado. Y si piensas hacerlo por eso, colega, tienes un grave problema: el dinero va a tardar en llegar (si llega) y tienes que tener algo más que te motive mientras. El dinero no puedes ser un fin en sí mismo, tienes que aprender a disfrutar del proceso o te desanimarás antes de conseguir nada: Tenlo claro, el 20% de las empresas no llegan a cumplir un año y sólo menos de la mitad llegan a los 5.

Ya va a hacer un par de años desde que decidí lanzarme a ser emprendedor, casi un año con mi nueva empresa y en este artículo lo que me apetecía era volver la vista atrás, recordar porque lo hice y, sobre todo, reflexionar acerca de los sentimientos que he experimentado yo y he visto en otros emprendedores cercanos a mí.

La escuela tradicional de los negocios habla de que los sentimientos hay que esconderlos: “Business is Business” decían y mira donde nos han llevado. Yo no creo en eso. Creo que saber sentir y gestionar esos sentimientos nos lleva a ser mejores empresarios porque nos preocupamos más y vemos a las personas por encima del dinero.

Y no hablo de que no debamos hacer ciertas cosas por nuestra empresa aunque nos sintamos mal, sino que el sentirnos mal es síntoma de que vemos más allá y lo hacemos sólo porque es necesario.

Esto no pretende ser un artículo analítico y profundo como el que seguramente haría mucho mejor que yo mi compañero Nacho, sino una especie de manual práctico donde voy a abordar varias de estas emociones, mezcladas con alguna actitud, plantear situaciones en las que es frecuente que aparezcan, porque aparecen y algunas ideas sobre cómo gestionarlas. Las he dividido entre negativas y positivas porque entre cada grupo se retroalimentan y lo que algunos vivimos con ansiedad otros pueden sentirlo con inseguridad.

En esta primera parte vamos a empezar por las emociones que podemos considerar negativas y en la segunda parte en el siguiente boletín abordaremos las positivas:

Miedo
Surge cuando estamos a punto de dar el paso para convertirnos en emprendedores o nos tenemos que tomar una decisión importante sobre la empresa en un entorno de alta incertidumbre.

Se produce porque es un mecanismo de autoprotección del ser humano ante lo desconocido. Aparece cuando consciente o subconscientemente apreciamos que existe algún riesgo para nosotros, aunque sea simple riesgo de fracasar.

Combátelo…Como dice Amalio en su blog “lo que mejor define a un emprendedor es su actitud hacia el riesgo (…), su capacidad para soportar un nivel de riesgo superior a la media”. Debes aceptar que el riesgo es inherente a la actividad emprendedora y siempre está ligado a ella. Sin embargo, A. Rey también aclara que es necesario conocernos bien, hurgar en nuestros deseos más profundos, entender nuestro “perfil de riesgo” y actuar en consecuencia. Una de mis herramientas preferidas para enfrentar el miedo son estas cuatro preguntas que José Pedro García desarrolla en uno de sus artículos:

1. Esto que me da miedo, ¿es posible, o es probable? (muchas cosas que nos atemorizan son posibles, pero poco o muy poco probables)
2. ¿qué pensaré dentro de 10 años de esto que me preocupa o me da miedo hoy?
3. ¿qué puede ocurrir en el peor de los casos?
4. ¿Y qué?

Ansiedad
Surge cuando…esperamos los resultados de alguna decisión que hemos tomado o cuando posponemos la toma de una decisión o realizar alguna tarea que no es de nuestro agrado. A veces viene de la mano o se confunde con el miedo cuando vamos a hacer cualquier cosa cuyo resultado tiene una alta incertidumbre.

Se produce porque…mentalmente anticipamos que el resultado va a ser negativo y no podemos dejar de pensarlo.

Combátelo…lo más importante cuando empieces a sentir ese pellizco en el estómago es relativizarlo. Ni te lo juegas todo a esa única carta, ni la derrota tan grave; relativízalo, toma distancia y actúa en consecuencia. Pero, oye, si al final sale algo bueno permítete disfrutarlo un poco, no sabes cuándo volverás a tenerlo. Si lo que estás haciendo es posponer una decisión o una tarea, estas entrando en un círculo vicioso. La ansiedad que te genera posponerla se alimenta de la que te produce la propia tarea y puede llegar a bloquearte. Incluso puedo entrar en juego la profecía autocumplida, piensas tan negativamente que cuando finalmente te decides, lo haces todo mal para confirmar tus propias previsiones. Aquí el mejor (y a la vez el más difícil) consejo es deja de pensar y actúa. A mí me ayuda ponerme fechas y plazos para no estar pensándolo y dándole vueltas todo el tiempo.

Agobio, angustia:
Surge cuando…tenemos una gran cantidad de trabajo acumulado y no sabemos por dónde empezar. También cuando el trabajo que realizamos en nuestra empresa tiene una serie de tareas operativas recurrentes (responder correos, enviar recordatorios de facturas/presupuestos, seguimiento a los clientes, gestiones y trámites) a las que hay que dedicarles bastante tiempo.

Se produce porque…En ambos casos, ocurre porque nos surgen dudas sobre si estamos empleando bien nuestro tiempo y a qué será mejor que lo dediquemos. En el primero, nos ha fallado la organización o ha venido un pico de trabajo que no esperábamos, ¿qué hacemos primero? En el segundo, el tiempo para las tareas operativas se lo robamos a otras que pueden hacer crecer el negocio o a pensar estratégicamente sobre él, ¿cuándo podremos hacerlo?

Combátelo…haciendo listas. Cuando no sepas por dónde empezar haz una lista de tareas con todas las cosas que tienes que hacer. Todas. Primero escríbelas una detrás de otra, luego organízalas y empieza por la que debe ser la primera. Y si no eres capaz de organizarlas, simplemente coge una cada vez y ponte a trabajar, lo importante es salir de ese bloque que no te permite concentrarte. Después de un rato verás que se te despejan las ideas. En el segundo caso tenemos dos soluciones. La primera y principal, si vas a hacer alguna tarea operativa ponte a ello y céntrate al 100%, no pienses en el resto, tardarás menos y ahorrarás tiempo. La segunda, si trabajas sólo plantéate coger a alguien de becario, existen muchas opciones en las universidades y centros de formación profesional; él conseguirá experiencia, a ti no te costará mucho y puede que si te centras en hacer crecer la empresa luego esa persona se pueda quedar contigo. Y si ya tienes trabajadores, aprende a delegar (bien), será mejor para ti y para la empresa.

Decepción
Surge cuando…algo que creías que iba a funcionar no lo hace: Un cliente te deja tirado o no te paga, esa campaña no ha dado resultados, no consigues ese contrato o alguna persona o institución que considerabas amiga te da la patada.

Se produce porque…nuestras expectativas eran más altas de las que debían ser, habíamos invertido mucha esperanza y confianza.
Combátelo…no te lo tomes todo de forma tan personal. No siempre tienes la culpa y el resto también tienen sus razones para hacer lo que hacen. Si te parecen injustas, quizás es que habías depositado tu confianza en alguien que no lo merecía, la próxima ya sabes a qué atenerte. Gestiona adecuadamente tus expectativas, se realista y analiza lo que ha pasado.

Inseguridad
Surge cuando…nos enfrentamos a una tarea nueva o diferente, o que aunque la hayamos realizada otras veces cada una está acompañada de mucha incertidumbre. También cuando tenemos que hacer algo que pensamos que “no se nos da bien”.

Se produce porque…dudamos de nosotras propias capacidades y para ciertas tareas nos hemos auto convencido de que no se nos dan bien. Aparece también cuando pensamos no nos hemos preparado adecuadamente para hacerlo.

Combátela…Lánzate, la inseguridad es un síntoma de que vas a hacer algo de lo que puedes aprender. Intenta prepararte mejor la próxima vez si crees que es necesario pero, ahora, hazlo. ¿Estás seguro de que no lo haces bien? ¿Las consecuencias de no hacerlo superan al riesgo de intentarlo?

Desidia y apatía (las más peligrosas)
Surge cuando…vemos que nuestro proyecto no termina de arrancar, empieza a bajar de forma incomprensible, nos vemos apurados por los pagos y los clientes no nos pagan a nosotros, haces cosas, lo intentas, pero no funcionan y cada vez va a peor. Quizás te has cansado o sientes que has entrado en la cruel monotonía. Puede también que te hayan surgido otros proyectos o posibilidades que te parecen más interesantes.

Se produce porque…empiezas a preguntarte si será mejor dejar morir tu empresay dedicarte a otra cosa. Empiezas a cuestionarte si los resultados que obtienes de la dedicación actual a tu proyecto compensan el coste de oportunidad de dedicarte a otros que te han surgido. Eso te impide concentrarte y constantemente saltas de una tarea a otra.

Combátela…Si te estás desanimando porque no ves resultados, piensa primero, ¿estás haciendo todo lo que puedes? ¿Hay algo más que puedas hacer? ¿Algo que tenías planeado que al final no has llevado a cabo? ¿Algunos recursos que no estás utilizando al 100%? Además, ten en cuenta que cualquier proyecto tarda en arrancar más de lo que al principio uno se cree. Aquí la principal recomendación que a mí me ha funcionado es salir a la calle, ir a eventos de emprendedores, contar tu proyecto, aquél que te ilusionó tanto al principio, que tanto te gustaba, y ver cómo sigue gustando a los demás, que se interesan y te animan. Incluso, si tienes algún amigo también emprendedor queda con él, toma un par de cervezas y cuéntale como te sientes. Todos tenemos bajones, compartirlo te ayudará. Si lo que te cuestionas es el coste de oportunidad de continuar con el proyecto esto ya es un síntoma más grave. Aquí es un error centrarse en el presente, hay que mirar si todo el camino que tienes recorrido merece que lo tires por la borda o seguir adelante. También esconveniente analizar muy muy bien los pros y contras (las listas ayudan aquí también) pero siendo sincero contigo mismo. Mientras nos estés 100% decidido y entregado, tu productividad estará muy por debajo de tus posibilidades. Si eres como yo que te metes en mil batallas, ten cuidado, ponte un límite y cierra alguna cosa antes de empezar otra.

Brújulas del riesgo
Algunas de estas emociones son negativas porque te pueden paralizar pero se les puede hacer la lectura contraria. Sentir ansiedad es bueno, sentir miedo es bueno, significa que estás haciendo algo diferente, original y arriesgado, algo con lo que cualquiera sentiría lo mismo y no todos serían capaces de superar ese sentimiento y pasar de planear a hacer.

Piensa que muchas de ellas proceden del riesgo que percibes cuando estas tomando decisiones, ejecutando tareas, hablando con un cliente, etcétera. Son sensaciones que te incomodan y contra las que tienes que luchar, pero también son una brújula que señala hacia un camino lleno de riesgos que muy pocos se deciden a andar y, poco a poco, superándolas una a una, te puede conducir al éxito, sea cuál sea tu definición de él.

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